jueves, 20 de mayo de 2010

EL HEROE Y EL NIÑO

- Me voy ha alistar en el ejercito- Fue, la respuesta que di a mis interlocutores, tras la enésima ocasión que escuchaba la misma pregunta. Ambos se miraron con sorpresa, sus ojos les delataron. E intentado asegurarse de la firmeza de mi declaración, preguntó mi padre.
- ¿Cómo, dices?
- He pensado en lo que dijiste la otra noche y creo que tienes razón.
- ¡Vaya!, parece que al fin entras en razón.- Exclamó, añadiendo después.
- ¿a que se debe tal milagro?
- Tus palabras me hicieron recapacitar. Tengo tan sólo 18 años, la energía me sobra y el futuro me espera, me gustaría encauzar mi vida y además ser útil a la sociedad.
- ¿Por qué, el ejercito?- Aún seguía dudando de mi respuesta
A esta pregunta respondí con otra.
- ¿Hay alguna alternativa mas real?
Ante su silencio, añadí.
- Sabes que los estudios no son mi fuerte, ni me llama la atención ninguna carrera universitaria.
- Pero, no creas que allí, no has de estudiar.
- Si, lo sé. Al igual que en la vida civil y podría estudiar lo mismo en un instituto, estar tres años esforzándome para al final engrosar las listas del paro. En cambio allí, cobrare desde el primer día y si después de los tres años me gusta, puedo quedarme y hacer carrera militar. Además, podré presentarme voluntario en alguna misión de paz y poner mi granito de arena, para paliar parte del sufrimiento que causan la ambición e intransigencia de unos pocos.
Hice una pequeña pausa para tomar aire, circunstancia que aprovecho mi madre para decirme.
- Tú, siempre tan idealista.- su voz no denotaba el mas mínimo tono de reproche, más bien todo lo contrario. Añadiendo a continuación. –Me gusta la idea, estoy orgullosa, de ti.
- Gracias, mamá.

Habían transcurrido casi dos años desde aquella conversación. En este tiempo, había superado las pruebas de capacitación y tras el correspondiente mes de instrucción y la pertinente jura de bandera, me incorpore a la unidad de enfermería en uno de los cuarteles del cuerpo de intendencia.
Los acontecimientos me llevaron hasta un hospital de campaña en una de las zonas en guerra, una de las tantas que desafortunadamente proliferan. Me sentía decepcionado por lo visto en el mes que llevaba allí.

Aquel día se desarrollo tenso a causa de varias escaramuzas de las guerrillas locales y durante todo el día llegaron heridos, alguno de ellos con heridas impactantes y en estado muy grave. Pero hubo uno qué a pesar de no estar gravemente herido, me impactó. Era un niño de unos trece o catorce años y apariencia vivaracha, se movía de un lugar a otro e interrogaba a todo él mundo, enseñaba la pierna y señalaba un pequeño reguero de sangre, sin duda trataba de llamar nuestra atención. Todos lo mirábamos con ternura, pero debido a su levedad apenas si le escuchábamos, estábamos inmersos en los casos más graves. En mi caso debía cortar una hemorragia causada por la amputación de un brazo, por lo cual y durante un buen no le preste atención y le perdí la pista, pues uno de los enfermeros del ejército local se lo llevó.

Cuando al fin llego una tensa calma y parecía que todo iba volviendo a la normalidad, comencé a dar vueltas por la sala, miraba cada una de las camas con pesadumbre, eran aquellas unas imágenes dantescas, rostros desfigurados, muñones vendados donde anteriormente había piernas o brazos, cuerpos apenas adolescentes condenados a vivir postrados para el resto de su vida y lo aún peor, era la sensación de vacío que había en las miradas de sus ojos. Ensimismado en mis pensamientos no note que me tiraban de la bata, hasta que oí, una voz que decía:
- Americano, americano.
Gire mi cabeza y al bajar los ojos lo vi, con los ojos abiertos y sonriendo, con un dedo de la mano izquierda me mostraba la herida en la pierna, sus ojos me pedían un poco de atención. Me dio la sensación, de que le dolía más la falta de esta que la herida en si. Ya que seguía tirando de mi bata e insistiendo;
- Americano, americano.
Seguramente era la única palabra que conocía en cualquier otra lengua que no fuera la suya materna. Intentaba explicarle que yo no era americano con algunos gestos y mostrándole la bandera que adornaba la manga derecha de mí bata. Pero el seguía en sus trece;
- Americano, americano.
Cuando ya tenia prácticamente agotado todo mi repertorio de gestos, apareció uno de los enfermeros iraquíes intentando llevárselo, pero lo detuve y en ingles, -por suerte, conocía el idioma de Shakespeare – Le pregunté sobre aquel pequeño personaje y como respuesta solo conseguí un encogimiento de hombros, a pesar de ello, le pedí que me ayudara, quería preguntarle sobre su familia o el lugar donde vivía.
El nos miraba atentamente, cómo si nos comprendiera y supiera que hablábamos de él. Me sonrió y dijo:
- Americano, yo solo.-
Aquellas palabras me dejaron sin habla, a pesar de ser escuetas, su trascendencia fue máxima. Me sorprendió el hecho de que supiera hablar ingles y más aun que hubiera entendido nuestra conversación.
En aquel momento intervino el enfermero y le explicó en su idioma que yo no era americano, si no español. Volvió a sorprenderme cuando se dirigió a mí y me dio a entender que lo sabía. Con sus gestos señalando la herida, sus ojos mirándome solicitantes y en un más que correcto ingles, me pidió que lo curará.
De la mano lo lleve hasta una de las carpas que hacia las veces de salas de curas, para caso mas leves. Una vez allí lo senté sobre una de las camillas y me disponía a curarlo, cuando el me pregunto:
- ¿Cuál es tu nombre?
- Santiago.- Respondí
- el mío, Hakim.
No salía de mi asombro, aquella actitud del muchacho rompía todos los esquemas y prejuicios, que la distancia y el desconocimiento habían alimentado.
- ¿por qué?
En ese primer instante no lo comprendí.
-¿por qué, qué? Fue mi respuesta.
-¿por qué, queréis ser héroes?- Me espetó, aunque no me dejo opción a contestarle.
- Antes de venir vosotros. Yo iba a la escuela, aprendía idiomas, por eso ahora puedo hablar contigo en ingles. Tenía mi familia, padres, hermanos. Jugaba al fútbol con mis amigos. Todas las noches dormía en una cama y mi madre me daba un beso antes de dormirme. ¿Me lo puedes explicar?
En aquellas palabras no había ni el más mínimo rastro de regaño y menos aun de odio, eran palabras implorantes de motivos, de explicaciones. Quería, al menos comprender el sentido de aquella barbarie que veía a su alrededor, desde hacia algunos meses.
Ante mi silencio, pues, yo no sabia lo que responder. El continuó con su discurso.
- En las calles me han dicho que habéis venido a salvarnos, ¿de verdad, os lo creéis? Tú has visto lo mismo que yo en la otra sala. Has vistos las calles de esta ciudad. Dime una cosa ¿de que nos habéis salvado?
Entretanto yo, intentaba atinar con el vendaje que pretendía ponerle en la pierna y aprovechando que se tomo un respiro, intente explicarle “nuestra versión”.
-Engañaron a nuestros pueblos, hablaban de maquiavélicos planes de destrucción y relataban historias de misteriosas armas químicas.
- ¿Quién, tenia esas armas y esos planes, nosotros?
- No, vuestros gobernantes.
- Entonces, explícame por favor, que han hecho mis hermanos, mis padres, mis amigos y muchos de los que están en la sala de al lado o en las calles tirados, muriéndose desangrados e incluso de hambre.- hubo un leve silencio y prosiguió.
Esta vez sus preguntas, se dirigieron a mí personalmente.
- ¿Y tú, por qué estas aquí?... ¿Por qué te hiciste soldado?
- En mi país, apenas hay oportunidades, si aquí las bombas lo han destruido casi todo, allí, han hecho lo mismo, no con bombas, pero si con avaricia de poder, han servido en bandeja de plata a especuladores todo el tejido industrial, todo en pos de la liberalidad de mercado, han arrasado lo que antes eran alternativas. Te lo explicare con un ejemplo que he visto con mis propios ojos. Yo vivo en una zona que era agrícola y turística, de vez en cuando había un ciclo donde la construcción emergía, pero cuando este terminaba, quedaban las otras dos, pero ahora ha sido tan encarnizada la voracidad de la especulación, que ya no queda ni un resto de tierra que labrar. Tan solo pisos, bares y hoteles vacíos
- ¿Pero, por qué elegiste ser soldado?- insistió
- Vi, un anuncio en televisión, lo pintaban todo muy bonito, nos decían que estaríamos al servicio de la paz y la libertad, que seriamos héroes y podríamos ayudar a personas que lo necesitaban. Así que sumé los dos motivos y me alisté.
Durante un breve instante se hizo el silencio, se cruzaron nuestras miradas y el sonrió. Su sonrisa denotaba comprensión, complicidad, esto me causo desconcierto y aun más cuando el dijo:
Ahora lo comprendo, los dos somos victimas de mentiras…
http://www.youtube.com/watch?v=Y7sLxK8vwt0-

martes, 18 de mayo de 2010