martes, 24 de diciembre de 2013

Al nacer y sin tu permiso la vida en una noria se torna. Ascendente es el principio, llegando con prontitud la niñez; es divertido, excitante, novedad a novedad fugazmente por ella paseas. Las poleas de la vida continúan elevando tu balancín hasta adentrarte en la infancia, su sabor comienza a tener tintes picantes de emoción provocada por cierta sensación de peligro !está cada vez mas alto!
No se detiene la noria, llega la juventud estas prácticamente en lo más alto e incluso miras por encima del hombro alguna vez. Te permites el lujo de lanzarte al barro y en ocasiones regodearte en el, sabes que saldrás ¡tú puedes! En un “jacuzzi” de barro, pides incluso una copa mas de miel y una segunda de hiel, hasta emborracharte de ambas, los sabores fuertes son tu impulso.
La embriaguez te adormece, nubla tu visión, no obstante la noria continúa su girar y la vida te mira pacientemente, esperando su oportunidad. De pronto ¡se apaga la luz! fenazo en seco, ¡sacudida! Se  estremece todo tu ser y pareces despertar, abres los ojos y plena somnolencia, observas ante ti el camino de bajada y te preguntas ¿cuando y como llegaste allí?
Un nuevo traqueteo, la vida quiere continuar su camino y mueve broncamente las poleas de la noria, te hace despertar bruscamente y tomar conciencia, de que llegaste:

A LA MITAD DEL CAMINO.

Allí, donde te preguntas:
¿Otoño?
¿Primavera,  tal vez?
¿principio del final?
o quizás
¿final del principio?
El calor es tenue,
placido el frío.
El miedo y la prudencia
ocupan su lugar.

Allí, donde hallas respuestas
al mirar atrás.
Allí, donde el futuro
Se abre ante ti.


22 de diciembre del 2013

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